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Em diuen Carles Alòs i sóc un apàtrida. Aquest blog serà un viatge pels indrets més amagats de l'ànima, per les emocions més intenses i pel viure quotidià de cada dia. Agafen cadira i seguen, de la resta, jo m'encarregue,
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divendres, 30 de desembre del 2011

Ángeles.


A mi amigo el jorobadito Rubén que volvió a su sitio
y ahora está de nuevo en su casa eterna y celestial.


¿Y se mueren los ángeles?
¿Quiénes son los ángeles?
¿Cómo son los ángeles?
Ese jorobadito que vendía lotería
por las calles y los cafés de la ciudad
y ahora está dormido
en esa caja blanca,
acostado de perfil...
¿no era un ángel?
¡Yo sostengo que son ángeles
todos los jorobados del mundo!
Y pienso
que un día, allá en el cielo,
toparon con una nube negra y dura
y se cayeron a la tierra.
Entonces se les quebraron las alas,
se les apelotonaron torpe y grotescamente
sobre los hombros
y se quedaron prisioneros en el mundo
bajo una lluvia bárbara y humana
de burlas y de espinas.
Ahora oíd vosotros, todos:
y esto ni lo imagino ni lo pienso.
Esto lo he aprendido anoche
a los ochenta años de mi vida,
junto al ataúd abierto de mi amigo Rubén:
los ángeles duermen de perfil...
Y a los jorobados los entierran de perfil.
Además: ¿Quién no tiene una joroba
y una gran saco de lágrimas?

 León Felipe. 

dimecres, 3 d’agost del 2011

Visió de León Felipe per Rafel Alberti.

<< León Felipe, el más viejo, pero sin edad, la voz embrabecida del viento, el más exaltado, el más quijotesco, cervantino de todos, que sintió su largo destierro de España como un infinito cautiverio en Argel, blasfemando y gritando, arremetiendo en sus poemas contra los molinos, alzándose siempre heroicamente, sin perder el impulso de la sangre >>

Rafael Alberti.

dilluns, 13 de juny del 2011

Hui contaré un acudit.

Hui contaré un acudit.

Açò és León Felipe
que s'alça del llit,
i obri la persiana
i veu el sol
i li pregunta:
senyor sol quin dia és hui.

I
el Sol, que també és amic meu,
li diu a aquest vell lleó:
León, hoy es el día que

t
ú

t
a
n
t
o

q
u
i
s
i
s
t
e

el salmo aún duerme,
el llanto se ha secado,
el viento sopla plácido
y ahora tú ya puedes
hacer lo que quisiste.

Tremendo chiste plúmbeo
el que ha sido contado.

Carles.A. 2005

dimecres, 8 de juny del 2011

Ahora definiré la hispanidad.

Hispanidad...tendrás tu reino,
pero tu reino no será de este mundo. Será un reino sin
        espadas ni banderas, será un reino sin cetro,
no se erguirá en la Tierra nunca, será un anhelo sin raíces
        ni piedras, un anhelo
que vivirá en la historia sin historia... ¡sólo como un
       ejemplo!.
Cuando se muera España para siempre, quedará un ade-
mán en la luz y en el aire...un gesto...
Hispanidad será aquel gesto vencido, apasionado y loco
      del hidalgo manchego.
Sobre él los hombres levantarán mañana el mito quijo-
tesco
y hablará de hispanidad la historia cuando todos los es-
        pañoles se hayan muerto.
Para crear la hispanidad hay que morirse porque sobra el
        cuerpo.
Murió el héroe y morirá su pueblo,
murió el Cristo y morirá la tribu toda : que el Cristo
      redentor será ahora un grupo entero
de hombres crucificados, que al tercer día ha de resucitar
       de entre los muertos...
Hispanidad será este espíritu que saldrá de la sangre y de
       la tumba de España...para escribir
un Evangelio nuevo.

León Felipe. Ganarás la luz  ( 1943).

dijous, 13 de gener del 2011

Pero ¿ Por qué habla tan alto el español ?

Us deixe aquest poema del gran Léon Felipe, el poeta de la flama. Sempre que escolte aquest poema em somou l'ànima.



Este tono levantado del español es un defecto, viejo ya, de raza. Viejo e incurable. Es una enfermedad crónica.


Tenemos los españoles la garganta destemplada y en carne viva. Hablamos a grito herido y estamos desentonados para siempre, para siempre porqué tres veces, tres veces, tres veces tuvimos que desgañitarnos en la historia hasta desgarrarnos la laringe.

La primera fue cuando descubrimos este continente, y fue necesario que gritásemos sin ninguna medida: ¡Tierra! ¡Tierra! ¡Tierra!. Había que gritar esta palabra para que sonase más que el mar y llegase hasta los oídos de los hombres que se habían quedado en la otra orilla. Acabábamos de descubrir un mundo nuevo, un mundo de otras dimensiones al que cinco siglos más tarde, en el gran naufragio de Europa, tenía que agarrarse la esperanza del hombre. ¡Había motivos para hablar alto! ¡Había motivos para gritar!

La segunda fue cuando salió por el mundo, grotescamente vestido con una lanza rota y una visera de papel aquel estrafalario fantasma de la Mancha, lanzando al viento desaforadamente esta palabra de luz olvidada por los hombres: ¡justicia! ¡justicia! ¡justicia!... ¡También había motivos para gritar! ¡También había motivos para hablar alto!

El otro grito es más reciente. Yo estuve en el coro. Aún tengo la voz parda de la ronquera. Fue el que dimos sobre la colina de Madrid, en el año de 1936, para prevenir a la majada, para soliviantar a los cabreros, para despertar al mundo: ¡eh! ¡que viene el lobo! ¡que viene el lobo!... ¡que viene el lobo!.

El que dijo tierra y el que dijo justicia es el mismo español que gritaba hace 6 años nada más, desde la colina de Madrid, a los pastores: ¡eh! ¡que viene el lobo!

Nadie le oyó. Los viejos rabadanes del mundo que escriben la historia a su capricho, cerraron todos los postigos, se hicieron los sordos, se taparon los oídos con cemento, y todavía ahora no hacen más que preguntar como los pedantes: ¿Pero por qué habla tan alto el español?

Sin embargo, el español no habla alto. Ya lo he dicho. Lo volveré a repetir: el español habla desde el nivel exacto del hombre, y el que piense que habla demasiado alto es porque escucha desde el fondo de un pozo.

León Felipe. Ganarás la luz. 1943

dijous, 23 de desembre del 2010

Más sencilla.

 Más sencilla... más sencilla...
Sin barroquismo,
sin añadidos ni ornamentos.
Que se vean desnudos
los maderos,
desnudos
y decididamente rectos.

«Los brazos en abrazo hacia la tierra,
el mástil disparándose a los cielos.»

Que no haya un solo adorno
que distraiga este gesto...
este equilibrio humano
de los dos mandamientos.
Más sencilla... más sencilla...
haz una cruz sencilla, carpintero.


León Felipe. Versos y oraciones del caminante (1919-1920)

dimecres, 22 de desembre del 2010

Como han de ser tus ojos.



Mujer… no tendré un beso de niño para ti
ni de viejo, ni de sátiro…
Cuando vengas no besaré tus mejillas
ni tu frente, ni tus labios.
Pondré mi boca en los pliegues
recogidos de tus párpados
y beberé el agua clara
que suba a tus ojos claros.
Trae unos ojos azules, mujer,
trae unos ojos azules, de un azul tranquilo y claro
que tengo sed…
sed de peregrino cansado
de muchas jornadas duras
por caminos solitarios
y quiero
llevar mis labios
al agua clara y tranquila
de un remanso que refleje
un cielo tranquilo y claro.

León Felipe.

dimecres, 24 de novembre del 2010

¡Qué lástima!



¡Qué lástima
que yo no pueda cantar a la usanza
de este tiempo lo mismo que los poetas que hoy cantan!
¡Qué lástima
que yo no pueda entonar con una voz engolada
esas brillantes romanzas
a las glorias de la patria!
¡Qué lástima 
que yo no tenga una patria!
Sé que la historia es la misma, la misma siempre, que pasa
desde una tierra a otra tierra, desde una raza
a otra raza,
como pasan
esas tormentas de estío desde esta a aquella comarca.
¡Qué lástima
que yo no tenga comarca,
patria chica, tierra provinciana!
Debí nacer en la entraña
de la estepa castellana
y fui a nacer en un pueblo del que no recuerdo nada;
pasé los días azules de mi infancia en Salamanca,
y mi juventud, una juventud sombría, en la Montaña.
Después... ya no he vuelto a echar el ancla,
y ninguna de estas tierras me levanta
ni me exalta
para poder cantar siempre en la misma tonada
al mismo río que pasa
rodando las mismas aguas,
al mismo cielo, al mismo campo y en la misma casa.
¡Qué lástima
que yo no tenga una casa!
Una casa solariega y blasonada,
una casa
en que guardara,
a más de otras cosas raras,
un sillón viejo de cuero, una mesa apolillada
(que me contaran
viejas historias domésticas como a Francis Jammes y a Ayala)
y el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla.
¡Qué lástima
que yo no tenga un abuelo que ganara
una batalla,
retratado con una mano cruzada
en el pecho, y la otra en el puño de la espada!
Y, ¡qué lástima 
que yo no tenga siquiera una espada!
Porque..., ¿Qué voy a cantar si no tengo ni una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón viejo de cuero, ni una mesa, ni una espada?
¡Qué voy a cantar si soy un paria
que apenas tiene una capa!
Sin embargo...
                             en esta tierra de España
y en un pueblo de la Alcarria
hay una casa
en la que estoy de posada
y donde tengo, prestadas,
una mesa de pino y una silla de paja.
Un libro tengo también. Y todo mi ajuar se halla
en una sala
muy amplia
y muy blanca
que está en la parte más baja
y más fresca de la casa.
Tiene una luz muy clara
esta sala
tan amplia
y tan blanca...
Una luz muy clara
que entra por una ventana
que da a una calle muy ancha.
Y a la luz de esta ventana
vengo todas las mañanas.
Aquí me siento sobre mi silla de paja
y venzo las horas largas
leyendo en mi libro y viendo cómo pasa
la gente a través de la ventana.
Cosas de poca importancia
parecen un libro y el cristal de una ventana
en un pueblo de la Alcarria,
y, sin embargo, le basta
para sentir todo el ritmo de la vida a mi alma.
Que todo el ritmo del mundo por estos cristales pasa
cuando pasan
ese pastor que va detrás de las cabras
con una enorme cayada,
esa mujer agobiada
con una carga
de leña en la espalda,
esos mendigos que vienen arrastrando sus miserias, de Pastrana,
y esa niña que va a la escuela de tan mala gana.
¡Oh, esa niña! Hace un alto en mi ventana
siempre y se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
¡Qué gracia
tiene su cara
en el cristal aplastada
con la barbilla sumida y la naricilla chata!
Yo me río mucho mirándola
y la digo que es una niña muy guapa...
Ella entonces me llama
¡tonto!, y se marcha.
¡Pobre niña! Ya no pasa
por esta calle tan ancha
caminando hacia la escuela de muy mala gana,
ni se para
en mi ventana,
ni se queda a los cristales pegada
como si fuera una estampa.
Que un día se puso mala,
muy mala,
y otro día doblaron por ella a muerto las campanas.
Y en una tarde muy clara,
por esta calle tan ancha,
al través de la ventana,
vi cómo se la llevaban
en una caja
muy blanca...
En una caja
muy blanca
que tenía un cristalito en la tapa.
Por aquel cristal se la veía la cara
lo mismo que cuando estaba
pegadita al cristal de mi ventana...
Al cristal de esta ventana
que ahora me recuerda siempre el cristalito de aquella caja
tan blanca.
Todo el ritmo de la vida pasa
por el cristal de mi ventana...
¡Y la muerte también pasa!
¡Qué lástima
que no pudiendo cantar otras hazañas,
porque no tengo una patria,
ni una tierra provinciana,
ni una casa
solariega y blasonada,
ni el retrato de un mi abuelo que ganara
una batalla,
ni un sillón de viejo cuero, ni una mesa, ni una espada,
y soy un paria
que apenas tiene una capa...
venga, forzado, a cantar cosas de poca importancia!

León Felipe. Versos y oraciones del caminante. (1920-1929).


dissabte, 13 de novembre del 2010

Romero solo.



Ser en la vida romero,
romero sólo que cruza siempre por caminos nuevos.
Ser en la vida romero,
sin más oficio, sin otro nombre y sin pueblo.
Ser en la vida romero, romero…, sólo romero.
Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo,
pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.

Que no se acostumbre el pie a pisar el mismo suelo,
ni el tablado de la farsa, ni la losa de los templos
para que nunca recemos
como el sacristán los rezos,
ni como el cómico viejo
digamos los versos.
La mano ociosa es quien tiene más fino el tacto en los dedos,
decía el príncipe Hamlet, viendo
cómo cavaba una fosa y cantaba al mismo tiempo
un sepulturero.
No sabiendo los oficios los haremos con respeto.
Para enterrar a los muertos
como debemos
cualquiera sirve, cualquiera… menos un sepulturero.
Un día todos sabemos
hacer justicia. Tan bien como el rey hebreo
la hizo Sancho el escudero
y el villano Pedro Crespo.

Que no hagan callo las cosas ni en el alma ni en el cuerpo.
Pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero,
ligero, siempre ligero.
Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros.

León Felipe. Versos y oraciones del caminante ( 1920 -1929).




dimecres, 6 d’octubre del 2010

Como tú



 Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera...


León Felipe. Versos y oraciones del caminante. 1929 - 1929

dilluns, 20 de setembre del 2010

Propietats de la pena.

                                                                                      "Vientos de salmos..."
                                                                                                            León Felipe

Car l’exemple és allò que val
i has de ser exemplar en tot,
exemplar en tots els moments,
t’has d’anar oblidant de tu,
has de ser cadascun dels teus
i fer teua la seua pena
i fer teua la seua fúria,
i així seràs íntegrament,
als ulls de Déu i als ulls dels hòmens,
i seràs poble per a sempre.
Pena unànime, fúria unànime,
així varen nàixer els salms.
El temps que ve és un temps de salms,
solament perduren els salms
creuant els segles i els països.
Únicament el salm perdura,
i tocaràs mare en el salm.
Contra el dol, contra la injustícia,
contra la brutedad i la tristesa,
i contra la incivilitat,
agafa el salm i entona el salm,
car aquest és temps de salm.
No hi ha millor arma que el salm:
enderroca els murs i els enlaira,
desfà les ciutats i les fa,
i l’esperança està en el salm.

Vicent Andrés Estellés. Propietats de la pena, Llibre de meravelles (1971)