La meva foto
Em diuen Carles Alòs i sóc un apàtrida. Aquest blog serà un viatge pels indrets més amagats de l'ànima, per les emocions més intenses i pel viure quotidià de cada dia. Agafen cadira i seguen, de la resta, jo m'encarregue,
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris poesía. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris poesía. Mostrar tots els missatges

diumenge, 11 de novembre del 2012

El vals



Eres hermosa como la piedra,
oh difunta;
oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave.
Esta orquesta que agita
mis cuidados como una negligencia,
como un elegante biendecir de buen tono,
ignora el vello de los pubis,
ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta.

Unas olas de afrecho,
un poco de serrín en los ojos
o si acaso en las sienes,
o acaso adornando las cabelleras;
unas faldas largas hechas de colas de cocodrilos;
unas lenguas o unas sonrisas hechas con caparazones de cangrejos.
Todo lo que está suficientemente visto
no puede sorprender a nadie.

Las damas aguardan su momento sentadas sobre una lágrima,
disimulando la humedad a fuerza de abanico insistente.
Y los caballeros abandonados de sus traseros
quieren atraer todas las miradas a la fuerza hacia sus bigotes.

Pero el vals ha llegado.
Es una playa sin ondas,
es un entrechocar de conchas, de tacones, de espumas o de dentaduras postizas.
Es todo lo revuelto que arriba.

Pechos exuberantes en bandeja en los brazos,
dulces tartas caídas sobre los hombros llorosos,
una languidez que revierte,
un beso sorprendido en el instante que se hacía «cabello de ángel»,
un dulce «sí» de cristal pintado de verde.

Un polvillo de azúcar sobre las frentes
da una blancura cándida a las palabras limadas,
y las manos se acortan más redondeadas que nunca,
mientras fruncen los vestidos hechos de esparto querido.

Las cabezas son nubes, la música es una larga goma,
las colas de plomo casi vuelan, y el estrépito
se ha convertido en los corazones en oleadas de sangre,
en un licor, si blanco, que sabe a memoria o a cita.

Adiós, adiós, esmeralda, amatista o misterio;
adiós, como una bola enorme ha llegado el instante,
el preciso momento de la desnudez cabeza abajo,
cuando los vellos van a pinchar los labios obscenos que saben.

Es el instante, el momento de decir la palabra que estalla,
el momento en que los vestidos se convertirán en aves,
las ventanas en gritos,
las luces en ¡socorro!
y ese beso que estaba (en el rincón) entre dos bocas
se convertirá en una espina
que dispensará la muerte diciendo:
Yo os amo.


Vicente Aleixandre Espadas como labios (1932)

dissabte, 18 de febrer del 2012

Poema doble del lago edén.




Nuestro ganado pace, el viento espira
Garcilaso.

Era mi voz antigua
ignorante de los densos jugos amargos.
La adivino lamiendo mis pies
bajo los frágiles helechos mojados.
¡Ay voz antigua de mi amor,
ay voz de mi verdad,
ay voz de mi abierto costado,
cuando todas las rosas manaban de mi lengua
y el césped no conocía la impasible dentadura del caballo!
Estás aquí bebiendo mi sangre,
bebiendo mi humor de niño pesado,
mientras mis ojos se quiebran en el viento
con el aluminio y las voces de los borrachos.
Déjame pasar la puerta
donde Eva come hormigas
y Adán fecunda peces deslumbrados.
Déjame pasar, hombrecillo de los cuernos,
al bosque de los desperezos
y los alegrísimos saltos.
Yo sé el uso más secreto
que tiene un viejo alfiler oxidado
y sé del horror de unos ojos despiertos
sobre la superficie concreta del plato.
Pero no quiero mundo ni sueño, voz divina,
quiero mi libertad, mi amor humano
en el rincón más oscuro de la brisa que nadie quiera.
¡Mi amor humano!
Esos perros marinos se persiguen
y el viento acecha troncos descuidados.
¡Oh voz antigua, quema con tu lengua
esta voz de hojalata y de talco!
Quiero llorar porque me da la gana
como lloran los niños del último banco,
porque yo no soy un hombre, ni un poeta, ni una hoja,
pero sí un pulso herido que sonda las cosas del otro lado.
Quiero llorar diciendo mi nombre,
rosa, niño y abeto a la orilla de este lago,
para decir mi verdad de hombre de sangre
matando en mí la burla y la sugestión del vocablo.
No, no, yo no pregunto, yo deseo,
voz mía libertada que me lames las manos.
En el laberinto de biombos es mi desnudo el que recibe
la luna de castigo y el reloj encenizado.
Así hablaba yo.
Así hablaba yo cuando Saturno detuvo los trenes
y la bruma y el Sueño y la Muerte me estaban buscando.
Me estaban buscando
allí donde mugen las vacas que tienen patitas de paje
y allí donde flota mi cuerpo entre los equilibrios contrarios.

Federico García Lorca. 

divendres, 10 de febrer del 2012

Barcelona ja no és bona.



 o mi paseo solitario en primavera

a fabián estapé

este despedazado anfiteatro,
impío honor de los dioses, cuya afrenta
publica el amarillo jaramago,
ya reducido a trágico teatro,
¡oh fábula del tiempo! representa
cuánta fue su grandeza y es su estrago.
                                                   rodrigo caro


En los meses de aquella primavera
pasaron por aquí seguramente
más de una vez.
Entonces, los dos eran muy jóvenes
y tenían el Chrysler amarillo y negro.
Los imagino al mediodía, por la avenida de los tilos,
la capota del coche salpicada de sol,
o quizá en Miramar, llegando a los jardines,
mientras que sobre el fondo del puerto y la ciudad
se mecen las sombrillas del restaurante al aire libre,
y las conversaciones, y la música,
fundiéndose al rumor de los neumáticos
sobre la grava del paseo.
Sólo por un instante
se destacan los dos a pleno sol
con los trajes que he visto en las fotografías:
él examina un coche muchísimo más caro
-un Duesemberg  sport con doble parabrisas,
bello como una máquina de guerra-
y ella se vuelve a mí, quizá esperándome,
y el vaivén de las rosas de la pérgola
parpadea en la sombra
de sus pacientes ojos de embarazada.
Era en el año de la Exposición.

Así yo estuve aquí
dentro del vientre de mi madre,
y es verdad que algo oscuro, que algo anterior me trae
por estos sitios destartalados.
Más aún que los árboles y la naturaleza
o que el susurro del agua corriente
furtiva, reflejándose en las hojas
-y eso que ya a mis años
se empieza a agradecer la primavera-,
yo busco en mis paseos los tristes edificios,
las estatuas manchadas con lápiz de labios,
los rincones del parque pasados de moda
en donde, por la noche, se hacen el amor...
Y a la nostalgia de una edad feliz
y de dinero fácil, tal como la contaban,
se mezcla un sentimiento bien distinto
que aprendí de mayor,
este resentimiento
contra la clase en que nací,
y que se complace también al ver mordida,
ensuciada la feria de sus vanidades
por el tiempo y las manos del resto de los hombres.

Oh mundo de mi infancia, cuya mitología
se asocia -bien lo veo-
con el capitalismo de empresa familiar!
Era ya un poco tarde
incluso en Cataluña, pero la pax burguesa
reinaba en los hogares y en las fábricas,
sobre todo en las fábricas - Rusia estaba muy lejos
y muy lejos Detroit.
Algo de aquel momento queda en estos palacios
y en estas perspectivas desiertas bajo el sol,
cuyo destino ya nadie recuerda.
Todo fue una ilusión, envejecida
como la maquinaria de sus fábricas,
o como la casa en Sitges, o en Caldetas,
heredada también por el hijo mayor.

Sólo montaña arriba, cerca ya del castillo,
de sus fosos quemados por los fusilamientos,
dan señales de vida los murcianos.
Y yo subo despacio por las escalinatas
sintiéndome observado, tropezando en las piedras
en donde las higueras agarran sus raíces,
mientras oigo a estos chavas nacidos en el Sur
hablarse en catalán, y pienso, a un mismo tiempo,
en mi pasado y en su porvenir.

Sean ellos sin más preparación
que su instinto de vida
más fuertes al final que el patrón que les paga
y que el salta-taulells que les desprecia:
que la ciudad les pertenezca un día.
Como les pertenece esta montaña,
este despedazado anfiteatro
de las nostalgias de una burguesía.
Jaime Gil de Biedma ( 1929 -1990 )

divendres, 3 de febrer del 2012

Un telegrama de la cárcel.




Desde el fondo de la cárcel se ha escapado la mano de mi poesía
para estrecharos las manos, como abraza el fuego al fuego.
Estoy aquí, y detrás del muro
unos árboles doman la montaña altiva, mis árboles.
Desde que vine a pagar la dote de la letra, sólo las estrellas
se han alzado sobre las alambradas de mis muros.
Digo al que fija en mis muñecas las cadenas:
" Son pulseras de mi poesía y obstinación;
mis suelas son tan grandes como su gloria y mis cadenas
tan largas como su vida trenzadacon verguenza".
Digo a la gente, a quienes amo: " Estamos aquí ;
cautivos de vuestro amor en la nocturna procesión.
Me crezco cada día en el amor de mi poesía.
Abrazadme, como abraza el viento al fuego ".


Mahmud Darwish. Desde Palestina.

dimarts, 31 de gener del 2012

¿ Cómo escribir sobre las nubes ?




¿ Cómo escribir sobre las nubes el testamento de mi gente ? Si mi gente
abandonó el tiempo al igual que su abrigo en las casas, y mi gente
cada vez que construye una ciudadela, la destruye para erigir sobre ella
una jaima para su nostalgia por la primera palmera. Mi gente
traiciona a mi gente
en las guerras de la defensa de la sal. Pero Granada es de oro,
de la seda de las palabras bordadas con almendras, de la plata de
las lágrima en
la cuerda del laúd. Granada es la gran ascensión hacia sí misma
y será lo que desea: la nostalgia por
cualquier cosa pasada o que pasará. El ala de una golondrina roza
el pecho de una mujer en su lecho y ella grita: Granada es mi
cuerpo.
Un hombre pierde su gacela en el desierto y grita: Granada es mi
país,
yo soy de allí. Canta para que los jilgueros construyan de mis
costados
una escalera al cercano cielo. Canta el heroísmo de los que
ascienden hacia
su muerte, luna a luna, en la callejuela de la amada. Canta a los
pájaros del jardín
piedra a piedra. Cuánto te amo, a ti que me has despreciado.
Cuerda a cuerda, en el camino hacia su cálida noche. Canta.
El aroma del café después de ti ha perdido su mañana.Canta mi
partida
del arrullo de las palomas sobre tus rodillas y del nido de mi alma
en las letras de tu sencillo nombre. Granada está destinada al
canto. Canta.


Mahmud Darwish. Once astros. 1992

divendres, 20 de gener del 2012

Voz llegada con las cercetas.



Pues el camino recorrido, si me vuelvo, es más
  largo
que el sendero de cabras que me conduce
adonde nos disolveremos como cera,
y los juncos florecidos no mitigan el corazón,
sino los retoños, la sangre de los cementerios,
he aquí que estás fuera de la sombra
que te guardaba, padre, erguido a los
  deslumbramientos,
sin manta ni gorra, bajo el sordo temblor
que anunciabas en el alba
las chatas de los mineros, semisumergidas
por la gran carga, negras sobre las altas olas.

La sombra que me acompaña
hacia tu tumba, vigilante,
y posa en una herma y despeja su frente
con un gesto altanero que le aclara
los ojos ardorosos y las severas cejas
desde un rizo infantil,
esa sombra no tiene más peso que la tuya
hace tanto sepulta: los rayos iniciales
del día la traspasan, mariposas
vivaces la atraviesan, la roza
la sensitiva sin que se contraiga.

La sombra fiel y el taciturno que renace,
la que arrojó del cuerpo el cuerpo interno
y ése al que largos años de ultratiempo
( años por mí abrumado) desencarnan,
se intercambian palabras que yo inmóvil
en la orilla no escucho; una, quizás,
volverá a hallar la forma en la que ardía
amor de Quien la indujo y no de sí;
pero el otro se aterra y teme que
la larva de memoria donde encuentra el calor
de sus hijos se apague al nuevo salto.

-He pensado por ti, he recordado
por todos. Vuelves ahora al cielo libre
que le transforma. ¿ Todavía esta roca
te tienta? Sí, la línea de la costa es la misma
de siempre; el mar que te ligaba a mis playas
antes que yo tuviera alas
no se disuelve. Bien recuerdo aquellas
riberas mías y no obstante llegué con las cercetas
a separarte de las tuyas. La memoria no es
pecado en tanto es útil. Luego
es letargo de topos, abyección

que se enmohece en sí misma...-
                                                El viento diurno
funde la sombra viva con la otra todavía
renuente en un centro que rechaza
mis manos, y se quiebra mi aliento
en el punto dilatado, en la fosa
que circunda el ímpetu del recuerdo.
Así se devela, antes de unirse
a imágenes, a palabras, oscuro sentido
reminiscente, el vacío deshabitado
que ocupamos y que espera hasta que llega el
tiempo
de colmarse con nosotros, de volver a
encontrarnos...


Eugenio Montale. La tempestas y demás. La bufera e altro. Selección, traducción, prólogo y notas de Horacio Armani. 1956

He envejecido dentro de tus ojos...

He envejecido dentro de tus ojos; eras la dulzura y el exterminio y
yo amé tu cuerpo en sus frutos nocturnos.

Tu inocencia es como un cuchillo delante de mi rostro,

pero tu pesas en mi corazón y, como una miel oscura, yo te siento en
mis labios al ir hacia la muerte.

Antonio Gamoneda. Libro del frío. 1992

dimecres, 18 de gener del 2012

A K



Pienso de nuevo en tu sonrisa y es en mí un agua
límpida
descubierta al azar entre las piedras de una orilla,
exiguo espejo en que ves una hiedra, sus flores
y ante todo el brazo de un blanco cielo quieto.

Es éste mi recuerdo; no podría decir, oh lejano,
si desde tu rostro se expresa libre un alma
   ingenua
o eres de esos errabundos a los que el mal del
mundo agota
y como un talismán llevan consigo su sufrimiento.

Pero puedo decirte que en el recuerdo tu figura
invade los dolores caprichosos con una oleada de
calma,
y que en mi gris memoria tu aspecto se insinúa
puro como la cumbre de una adolescente palma...


Eugenio Montale. Huesos de jibia. 1925

diumenge, 8 de gener del 2012

Farai un vers de dreyt nien




Sobre ti, sobre mí, sobre el infierno
de nuestro amor y sobre el paraíso
de nuestro amor, sobre el milagro inútil
de haberte conocido y el abismo
de haber viajado al alba y al crepúsculo
con un monstruo tan dulce y tan dañino,
sobre la huella que dejó tu cuerpo
en mi cama y en todos mis sentidos,
sobre el vestido negro ribeteado
de encaje con que andabas por el filo
de la traición, sobre tu piel blanquísima
y sobre el tiempo que perdí contigo....
Sobre todas las cosas que anteceden
y sobre nada (¿acaso no es lo mismo?)
escribiré un poema, recordando
la canción de Guillermo, con el frío 
de la distancia y con la sensación
de no haberlas vivido.


Luís Alberto de Cuenca.  Sin miedo ni esperanza. 2002

dimecres, 4 de gener del 2012

Coloso.



Nunca conseguiré recomponerte,
repegarte, reunirte, rejuntarte.
Mular rebuzno, cacareo obsceno,
gruñidos salen de tus vastos labios.
Peor que en un corral.
 

Quizás es que concebiste profeta,
portavoz de los muertos o los dioses.
Treinta años llevo trabajando
Por limpiar tu garganta de cieno.
Más todo sigue igual.
 

Escala arriba, con lisol, con goma
de pegar, como hormiga matutina
por los campos herbosos de tu frente
tu inmenso cráneo componiendo, el túmulo
calvo y blanco de tu ojo despejado.

Un cielo azul, como de la Orestíada
nacido, cómbase sobre nosotros.
Oh padre, solo, eres hondo y denso
como foro romano. Entre cipreses
me siento y el acanto de tu pelo

y tus huesos estriados se penetran
de su antigua anarquía hasta el borde
del horizonte. Crear tanta ruina
requiere más que un rayo. Por la noche
me agazapo en tu oreja, contra el viento,
 

contando estrellas rojas y ciruela. 
El sol sale del fondo de tu lengua
y mis horas copulan con tu tumba.
Ya no busco el raer de quillas sobre
las piedras negras de la playa.

Sylvia Plath. Traducció de Jesús Pardo.


divendres, 30 de desembre del 2011

Ángeles.


A mi amigo el jorobadito Rubén que volvió a su sitio
y ahora está de nuevo en su casa eterna y celestial.


¿Y se mueren los ángeles?
¿Quiénes son los ángeles?
¿Cómo son los ángeles?
Ese jorobadito que vendía lotería
por las calles y los cafés de la ciudad
y ahora está dormido
en esa caja blanca,
acostado de perfil...
¿no era un ángel?
¡Yo sostengo que son ángeles
todos los jorobados del mundo!
Y pienso
que un día, allá en el cielo,
toparon con una nube negra y dura
y se cayeron a la tierra.
Entonces se les quebraron las alas,
se les apelotonaron torpe y grotescamente
sobre los hombros
y se quedaron prisioneros en el mundo
bajo una lluvia bárbara y humana
de burlas y de espinas.
Ahora oíd vosotros, todos:
y esto ni lo imagino ni lo pienso.
Esto lo he aprendido anoche
a los ochenta años de mi vida,
junto al ataúd abierto de mi amigo Rubén:
los ángeles duermen de perfil...
Y a los jorobados los entierran de perfil.
Además: ¿Quién no tiene una joroba
y una gran saco de lágrimas?

 León Felipe. 

dimarts, 27 de desembre del 2011

Invictus.


 

INVICTUS

Out of the night that covers me,
Black as the Pit from pole to pole,
I thank whatever gods may be
For my unconquerable soul. -
In the fell clutch of circumstance
I have not winced nor cried aloud.
Under the bludgeonings of chance
My head is bloody, but unbowed. -
Beyond this place of wrath and tears
Looms but the horror of the shade,
And yet the menace of the years
Finds, and shall find me, unafraid.
It matters not how strait the gate,
How charged with punishments the scroll,
I am the master of my fate;
I am the captain of my soul.

INVICTUS

Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el Horror de la Sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino:
soy el capitán de mi alma.

William Ernest Henley.











diumenge, 4 de desembre del 2011

Sé tú mi límite.



Tu cuerpo puede
llenar mi vida,
como puede tu risa
volar el muro opaco de la tristeza.
            
Una sola palabra tuya quiebra
la ciega soledad en mil pedazos.
            
Si tu acercas tu boca inagotable
hasta la mía, bebo
sin cesar la raíz de mi propia existencia.
            
Pero tú ignoras cuánto
la cercanía de tu cuerpo
me hace vivir o cuánto
su distancia me aleja de mí mismo
me reduce a la sombra.
            
Tú estás, ligera y encendida,
como una antorcha ardiente
en la mitad del mundo.
            
No te alejes jamás:
Los hondos movimientos
de tu naturaleza son
mi sola ley.
Retenme.
Sé tú mi límite.
Y yo la imagen
de mí feliz, que tú me has dado.

José Ángel Valente. 


dissabte, 12 de novembre del 2011

La hoguera donde arde una



Fue el primero en acusarme de
Sin pruebas y quizá doliéndole, pero había los que
Ya se sabe en un pueblo perdido entre
El tiempo pesa inmóvil y sólo cada
Gentes que viven de telarañas, de lentas
Acaso tienen corazón pero cuando hablan es
¿De qué podía acusarme si solamente habíamos
Imposible que el mero despecho, después de aquella
(Tal vez la luna llena, la noche en que me llevó hasta
Morder en el amor no es tan extraño cuando se ha
Yo había gemido, sí, y en algún momento pude
Después no hablamos de eso, él parecía orgulloso de
Siempre parecen orgullosos si gemimos, pero entonces
¿Qué memoria diferente tendrá el odio que sigue al
Porque en esas noches nos queríamos más que si
Bajo la luna en las arenas enredados y oliendo a
(Lo habré mordido, sí, morder en el amor no es tan
Nunca me dijo nada, sólo atento a
Me perfumaba los senos con las hierbas que mi madre
y él, la alegría del tabaco en la barba, y tanta
Nunca llovió cuando bajábamos al río, pero a veces
Un pañuelo blanco y negro, me lo pasaba despacio mientras
Nos llamábamos con nombres de animales dulces, de árboles que echan
No había fin para ese interminable comienzo de cada
(Lo habré mordido mientras él clavado en mí me
Siempre en algún momento se mezclaban nuestras voces si
Podría haber durado como el cielo verde y duro encima de mis
¿Por qué, si abrazados sosteníamos el mundo contra
Hasta una noche, la recuerdo como un clavo en la boca, en que sentí
Oh la luna en su cara, esa muerta caricia sobre una piel que antes
¿Por qué se tambaleaba, por qué su cuerpo se vencía como si
-¿Estás enfermo? Tiéndete al abrigo, deja que te
Lo sentía temblar como de miedo o de bruma cuando me miró
Mis manos lo tejían otra vez buscando ese latido, ese tambor caliente y
Hasta el alba fui sombra fiel, y esperé que de nuevo
Pero vino otra luna y nos tocamos y comprendí que ya
Y él temblaba de cólera y me arrancó la blusa como
Lo ayudé, fui su perra, lamí el látigo esperando
Mentí el grito y el llanto como si de verdad su carne me
(No lo mordí ya más pero gemía y suplicaba para darle la
Pudo creer todavía, se alzó con la sonrisa del comienzo, cuando
Pero en la despedida tropezó y lo vi volverse, todo mueca y
Sola en mi casa esperé abrazada a mis rodillas hasta
El primero en acusarme fue
(Lo habré mordido, morder en el amor no es
Ahora ya sé que cuando llegue la mañana en que me
Le faltará valor para acercar la antorcha a los
Lo hará otro por él mientras desde su casa
La ventana entornada que da sobre la plaza donde
Miraré hasta el final esa ventana mientras
Lo morderé hasta el fin, morder en el amor no es tan.

Julio Cortázar. La vuelta al día en ochenta mundos.

dimarts, 1 de novembre del 2011

Hallazgo.



Desnuda y adherida a tu desnudez.
Mis pechos como hielos recién cortados,
en el agua plana de tu pecho.
Mis hombros abiertos bajo tus hombros.
Y tú, flotante en mi desnudez.

Alzaré los brazos y sostendré tu aire.

Podrás desceñir mi sueño
porque el cielo descansará en mi frente.
Afluentes de tus ríos serán mis ríos.
Navegaremos juntos, tú serás mi vela,
y yo te llevaré por mares escondidos.

¡Qué suprema efusión de geografías!

Tus manos sobre mis manos.
Tus ojos, aves de mi árbol,
en la yerba de mi cabeza.

Carmen Conde.

dissabte, 22 d’octubre del 2011

Cántico del destino.


 ¿Esto es mirar o morir ?
                                                                                                  Calderón
I

Mira el paso escondido de la luz, el sigilo del campo,
la vigilia del agua que el silencio hermosea,
la maravilla cándida del cielo entre los pinos,
el reposo admirable, la tranquila alabanza que es aroma en
las cosas.
Mira el polvo y verás que es la niebla el camino.

Voy a ser el apostol de tu melancolía,
de tu sueño de claustro con ventanas muriendo,
de tu llanto que sabe de la muerte más honda,
de tu fe sin contorno, de tu angustia que tiene los párpados
de niño
y ese color de sueño que enciende la tristeza.

Mira que no eres tiempo.
Ante ti canta el mundo,
su presencia más clara te será concecida si esperas con los
ojos.
Mira bien.
La esperanza es el modo de tener el milagro.
Voy a hablarte de ti porque Dios me lo ordena,
de tu llanto que mira la suavidad
                                                y el cielo.
Mira profundamente para que la sonrisa se resuelva en
paciencia;
los colores, las cosas son amores vencidos.
Mira bien.
El destino es llevar la mirada en los ojos.

Luís Rosales



diumenge, 9 d’octubre del 2011

El olor del café.



Octubre. Otoño las hojas se vuelven rojas,
el color del otoño se acentúa en ellas.
En la mesa del balcón viendo el nuevo octubre y
saboreando el humeante café , oloroso café, el café.
La conversación alrededor del café fluye intima.
El amor de Octubre huele y sabe a café, dulce y tranquilo.
La luz roja de las hojas, se refleja en la taza de café.
¡Ah! El café.
¿Tú también tomas café? Se refleja también en tu otoño,
el olor de mi café.
Aire, agua y sol y café.
El café que da vida al espíritu.
El olor del café hace recordar el pasado.
El amor perdido, el dolor que se siente al perderlo.
Olor a café, olor a calor a ternura a vida.
En la mesa del café renace la inquietud.
Emerge del alma el deseo de vivir.
El café calienta el corazón.
 
Carmen Feito Maeso.

dilluns, 26 de setembre del 2011

Es una tarde cenicienta y mustia...



Es una tarde cenicienta y mustia,
destartalada, como el alma mía;
y es esta vieja angustia
que habita mi usual hipocondría.
La causa de esta angustia no consigo
ni vagamente comprender siquiera;
pero recuerdo y, recordando, digo:
-Sí, yo era niño, y tú, mi compañera.
*
Y no es verdad, dolor, yo te conozco,
tú eres nostalgia de la vida buena
y soledad de corazón sombrío,
de barco sin naufragio y sin estrella.
Como perro olvidado que no tiene
huella ni olfato y yerra
por los caminos, sin camino, como
el niño que en la noche de una fiesta
se pierde entre el gentío
y el aire polvoriento y las candelas
chispeantes, atónito, y asombra
su corazón de música y de pena,
así voy yo, borracho melancólico,
guitarrista lunático, poeta,
y pobre hombre en sueños,
siempre buscando a Dios entre la niebla.

Antonio Machado.

diumenge, 11 de setembre del 2011

El pene del papa.

Cuelga en lo profundo bajo su ropón,
un discreto badajo en el centro de una campana.
Se mueve cuando él se mueve, un pez fantasma en un halo
de plateadas algas, el vello
columpiándose en la oscuridad y el calor —y en la noche
mientras sus ojos duermen, se eleva
en alabanza a Dios.


Sharon Olds

dimecres, 10 d’agost del 2011

Proverbios y cantares.





Anoche soñé que oía a Dios
gritándome: ¡Alerta!
Luego era Dios quien dormía
y yo gritaba: ¡Despierta!
 
De lo que llaman los hombre
virtud, justicia y bondad,
una mitad es envidia,
y la otra no es caridad.
 
Todo pasa y todo queda,
pero lo nuestro es pasar,
pasar haciendo caminos,
caminos sobre la mar.
 
¿Para qué llamar caminos
a los surcos del azar?
Todo el que camina anda,
como Jesús, sobre el mar.
 
No extrañéis, dulces amigos,
que esté mi frente arrugada;
yo vivo en paz con los hombres
y en guerra con mis entrañas.
 
Todo hombre tiene dos
batallas en que pelear:
en sueños lucha con Dios;
y despierto con el mar.
 
Ayer soñé que veía a Dios
y con Dios hablaba;
y soñé que Dios me oía...
Después soñé que soñaba.
 
El Dios que todos llevamos,
el Dios que todos hacemos,
el Dios que todos buscamos
y que nunca encontraremos.
 
Bueno es saber que los vasos
sirven para beber;
lo malo es que no sabemos
para qué sirve la sed.
 
¿Dices que nada se crea?
Alfarero, a tus cacharros.
Haz tu copa y no te importe
si no puedes hacer barro.
 
¿Cuál es la verdad? ¿El río
que fluye y pasa, donde
el barco y el barquero
son también ondas del agua?
¿O este soñar del marino
siempre con ribera y ancla?
 
La primavera ha venido y
nadie sabe cómo ha sido.
 
El ojo que ves no es
ojo porque tú lo veas;
es ojo porque te ve.
 
Los ojos por que suspiras,
los ojos en que te ves,
los ojos en que te miras,
son ojos porque te ven.
 
¿Dijiste media verdad?
Dirán que mientes dos veces
si dices la otra mitad.
 
Creí el amor apagado
y revolvía la ceniza,
pero me quemé la mano.
 
En el mar de la mujer
pocos naufragan de noche;
muchos, al amanecer.
 
Fe empirista. Ni somos ni seremos.
Todo nuestro vivir es emprestado.
Nada trajimos; nada llevaremos.
 
Donde acaba el pobre río,
la inmensa mar nos espera.
 
Hoy es siempre todavía.


Antonio Machado.