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Em diuen Carles Alòs i sóc un apàtrida. Aquest blog serà un viatge pels indrets més amagats de l'ànima, per les emocions més intenses i pel viure quotidià de cada dia. Agafen cadira i seguen, de la resta, jo m'encarregue,
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diumenge, 14 de març del 2021

BAUTIZADORA INCOMPARABLE

 




Eres misteriosa y hermosa

igual que la palabra Origen


eres milagrosa y rotunda

igual que la palabra Plenitud


eres poderosa y veloz

igual que la palabra Energía


eres lúbrica y eres solar

igual que la palabra Verano


Tú eres el lenguaje profundo


Contigo todo tiene nombre


Félix Grande Una grieta por donde entra la nieve. Renacimiento 2006

diumenge, 5 de març del 2017

Donde fuiste feliz alguna vez





Donde fuiste feliz alguna vez
no debieras volver jamás: el tiempo
habrá hecho sus destrozos, levantando
su muro fronterizo
contra el que la ilusión chocará estupefacta.
El tiempo habrá labrado,
paciente, tu fracaso
mientras faltabas, mientras ibas
ingenuamente por el mundo
conservando como recuerdo
lo que era destrucción subterránea, ruina.

Si la felicidad te la dio una mujer
ahora habrá envejecido u olvidado
y sólo sentirás asombro
-el anticipo de las maldiciones.
Si una taberna fue, habrá cambiado
de dueño o de clientes
y tu rincón se habrá ocupado
con intrusos fantasmagóricos
que con su ajeneidad, te empujan a la calle, al vacío.
Si fue un barrio, hallarás
entre los cambios del urbano progreso
tu cadáver diseminado.

No debieras volver jamás a nada, a nadie,
pues toda historia interrumpida
tan sólo sobrevive
para vengarse en la ilusión, clavarle
su cuchillo desesperado,
morir asesinando.

Mas sabes que la dicha es como un criminal
que seduce a su victima
que la reclama con atroz dulzura
mientras esconde la mano homicida.
Sabes que volverás, que te hallas condenado
a regresar, humilde, donde fuiste feliz.
Sabes que volverás
porque la dicha consistió en marcarte
con la nostalgia, convertirte
la vida en cicatriz;
y si has de ser leal, girarás errabundo
alrededor del desastre entrañable
como girase un perro ante la tumba
de su dueño... su dueño... su dueño...

Félix Grande Música amenazada. El Bardo (1966)

 



dimecres, 16 de març del 2011

Canción humilde y arrogante.



Además de hermosos recuerdos
que aún me excitan y me commueven
cuando visitan mi retiro angosto,
unos cuantos errores
y acaso alguna inadvertida infamia
son la cosecha que arranqué a mis años,
dedicados de modo frenético y humilde
al amor carnal de mujer.

Si es que ha de ser evaluado,
este granero ofrecerá a quien tase
sucesos tal vez dignos de castigo
y otros acaso no indignos de envidia:
no faltará quien siente o sufra
por ambas causas un patético odio
o una piedad perversa, digna a su vez de lástima.

Tanto sobre mi horror como sobre mi gloria
muy pocos valedores me traerán estos tiempos.
Se vive poco, se duda poco, se ama poco.
No espero ayuda, nada espero, nada.
La libertad era también
esta pobre pensión, estas parades,
esta música hermana que trae luz en la noche
y estos queridos libros por el suelo del cuarto.

Solitario, evocando ese que fui, y que soy,
con la ternura que si fuera otro
o como si tocara despacio mi cabeza
incorporado hacia mí mismo
desde el lecho de la agonía,
comprendo bien que todo este silencio,
esta pobreza que bastante ofrece
y esta segregación tan rica de memoria
son ya los abogados de mi vida.

A nadie atañe celebrar la dicha
con que me dieron mundo las mujeres
y nadie habrá de disculpar el daño
que mi fiebre pudiera haber hecho algún día.
A amor y error las gentes
suelen poner de nombre culpa.
Su moral se lo pague.

Pero yo sí, yo estoy en deuda
conmigo, con mi cuerpo, con mis manos,
con un cierto coraje en que he vivido
y que es visible incluso
a la oblicua mirada de quienes me desprecian,
con el coraje que también tuvieron
las hembras que hoy me olvidan o me evocan,
con el milagro de los solos juntos,
con la brasa de los amores ateridos
y el inmortal candor de la lascivia,
con la felicidad, con el dolor, con todo.

Por eso en este cuarto en que estoy solitario
rememoro esta noche con pródiga avaricia
todo cuanto he vivido y cuanto he muerto
desde la carne múltiple y sagrada,
y brindo con un vaso de vino ante mi sombra
y humildemente lleno de orgullo y sol mi vida
y doy un beso a todas las mujeres del mundo
mientras estoy resucitando.

Félix Grande. Las Rubáiyátas de Horacio Martín. 1978.