La meva foto
Em diuen Carles Alòs i sóc un apàtrida. Aquest blog serà un viatge pels indrets més amagats de l'ànima, per les emocions més intenses i pel viure quotidià de cada dia. Agafen cadira i seguen, de la resta, jo m'encarregue,
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Yolanda Castaño. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Yolanda Castaño. Mostrar tots els missatges

dissabte, 5 de març del 2011

Historia de la transformación.

Fue primero un trastorno

una lesiva abstinencia de niña éramos pobres y no tenía ni aquello

raquítica de mí depauperada antes de yo amargor carente una

parábola de complejos un síndrome un fantasma

(Aciago a partes iguales echarlo en falta o lamentarlo)

Arrecife de sombra que rompe mis collares.

Fue primero una branquia evasiva que

no me quiso hacer feliz tocándome con su soplo

soy la cara más común del patio del colegio

el rostro insustancial que nada en nada siembra

lo tienes o no lo tienes renuncia acostúmbrate traga eso

cuervos toldando nubes una condena de frío eterno

una paciente galerna una privada privación

(niña de colegio de monjas que fui salen todas

anoréxicas o lesbianas la

letra entra con sangre en los codos en las cabezas en las

conciencias o en los coños).

Cerré los ojos y empecé a desear con todas mis fuerzas

lograr de una vez por todas convertirme en la que era.



Pero la belleza corrompe. La belleza corrompe.

Arrecife de sombra que gasta mis collares.

Vence la madrugada y la garganta contiene un presagio.

¡Pobre bobita!, te obsesionaste con cubrir con cruces en vez de

con su contenido.

Fue un lento y vertiginoso brotar de flores en invierno

Los ríos saltaban hacia atrás y se resolvían en cataratas rosas

lamparillas y caracoles me nacieron en los cabellos

La sonrisa de mis pechos dio combustible a los aeroplanos

La belleza corrompe

La belleza corrompe

La tersura de mi vientre escoltaba a la primavera

se desbordaron las caracolas en mis manos tan menudas

mi más alto halago pellizcó mi ventrículo

y ya no supe qué hacer con tanta luz en tanta sombra.



Me dijeron: “tu propia arma será tu propio castigo”

me escupieron en la cara todas mis propias virtudes en este

club no admitimos a chicas con los labios pintados de rojo

un maremoto sucio una usura de perversión que

no puede tener que ver con mi máscara de pestañas los

ratones subieron a mi cuarto ensuciaron los cajones de ropa blanca

litros de ferralla alquitrán acecho a escondidas litros

de control litros de difamadores kilos de suspicacias levantadas

sólo con la tensión del arco de mis cejas deberían maniatarte

adjudicarte una estampa gris y borrarte los trazos con ácido

¿renunciar a ser yo para ser una escritora?

demonizaron lo gentil y lo esbelto de mi cuello y el

modo en que nace el cabello en la parte baja de mi nuca en este

club no admiten a chicas que anden tan bien arregladas

Desconfiamos del verano

La belleza corrompe.

Mira bien si te compensa todo esto.
 

Yolanda Castaño. Profundidad de campo. 2009

dijous, 30 de desembre del 2010



A Yolanda
              
              Pero yo, hija de mis hijas, he de desmantelar a golpe de deslumbramientos esta aciaga militancia de una yolanda emigrante de mí. Yo, la soberana estéril, la por desgracia egoísta. Debo tasar la dosis exacta de memoria y olvido. Así mi visión de la vereda es un rostro desde atrás. Todas las oscuras raigambres que se nacen en mí. No hay dirección que no me contenga, raza que no en mí se comience y filas de dígitos extendiendo para mí sus dedos ferales. Lo que interesa son mis pasos. Como un bosque de símbolos del que mi ignorancia es significativa. Mucho dejarse la piel pero yo no quise aprender a llegar. Jardín exiguo, viento cerrado de manos, infinita cuadrícula. Renuncio al lugar del aliento. Quiero aprender a salir.

            Hace tiempo que un animal vive nutriéndose del olvido. Pero yo soy la ventrílocua, yo, la tirana loca, la analfabeta. Con el magnífico libro de las venturas agazapado en la vulva. La que no comprendió nada pero lo sintió todo. Soy la ventrílocua, la que corre cantando por los pasillos de plomo, con voz de pizarra. Y abortar fue un deber, una grave necesidad, un desafío. Para cuando el pálido manto de mi memoria se va cubriendo de esta piel que yo seré. Que todas las noches con devoción escribo arrebatadoras cartas de amor y en las madrugadas panegíricos a esta yolanda mezquina, que sabe venderse y conoce el final.

           Soy yo en la cripta y mi nombre dentro dibujado de tiza. Habitaciones concéntricas. Que mi inteligencia no compre mi sentido. El tacto, el privilegio, las ganas de tirarse. Ni tampoco mi cabeza será esclava de mi orgullo. Yolanda la soldada, la comerciante. Porque yo soy la que ni espera. Soy el auriga del ardiente carro. La egoísta porque está sola. Que tanta calamidad me satisface, porque sí mi belleza fundará dinastías. Y entonces será ir con una minuciosidad de devota recogiendo esos minúsculos y dichosos pedacitos de espejo roto que soy. Yolanda me hará un hogar paupérrimo entre sus brazos de mundo y así aprenderé la inenarrable alegría de tener casa.

           Y entonces vendrá ese postrímero adviento y La VerbA se hará carne. Y diré: "Yo soy la de la única estirpe de Adnaloy, la que extenderá sus dedos flamígeros sobre el horizonte, la que bajará y después se despojará de su manto y vestirá un sayal, y luego se reclinará y dará de comer su corazón a las bestias".

Yolanda Castaño. Libro de la egoista  (2007)