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Em diuen Carles Alòs i sóc un apàtrida. Aquest blog serà un viatge pels indrets més amagats de l'ànima, per les emocions més intenses i pel viure quotidià de cada dia. Agafen cadira i seguen, de la resta, jo m'encarregue,

diumenge, 17 de novembre de 2019

Sobre "GELATINA DE PLATA" de Marián Lledó i algun que altre record






Ahir em vaig fer amb aquest llibre que em porta molts records, les trobades en el taller de poesia del CADE en castellà ja fa vora una dècada, amb companys entranyables com Berta García Faet, Bibiana Collado, Adriana Arce, Anastasia Kondratieva, Clara Monzó, Sergio Cruz, Jorge Brunete, Ana Vila i l’autora d’aquest llibre, Marián Lledó. Aquell taller impartit per Andrés Navarro fou un punt de trobada per a veus famolenques de versos, que em major o menor mesura han acabat publicant, algunes son noms consolidats, altrament  pense que per a tots suposà un punt d’inflexió.

Al taller succeïren  quedades, recitals, projectes i un molt bon grup humà. Ahir em vaig fer amb aquest llibre, l’òpera prima de Marián Lledó. És un projecte de fotografia, realitzades per Enrique Carrazoni a les quals Marián posa veu. Fotografies de cossos femenins que aborda la poètica de la corporeïtat tan present a la postmodernitat. Amb un vers curt i certer, sense cap ornat superficial l’autora plasma en paper les impressions sobre les instantànies. Una òpera prima sòlida i sense fissures amb la versió en castellà i valencià. Un plaer per als sentits i un primer llibre solvent. Heus ací un exemple:

Caminas con aplomo sobre la cresta
que parte las aguas.

El secreto está en mirar siempre al frente,
donde todo es
un mismo cuerpo.

Camines amb aplom sobre la carena
que parteix les aigües.

El secret està en mirar sempre al davant,
on tot és
un mateix cos.


Marián Lledó Gelatina de plata  Olé libros 2019

dimarts, 12 de novembre de 2019

Elegía ininterrumpida






Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al primer muerto nunca lo olvidamos,
aunque muera de rayo, tan aprisa
que no alcance la cama ni los óleos.
Oigo el bastón que duda en un peldaño,
el cuerpo que se afianza en un suspiro,
la puerta que se abre, el muerto que entra.
De una puerta a morir hay poco espacio
y apenas queda tiempo de sentarse,
alzar la cara, ver la hora
y enterarse: las ocho y cuarto.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
La que murió noche tras noche
y era una larga despedida,
un tren que nunca parte, su agonía.
Codicia de la boca
al hilo de un suspiro suspendida,
ojos que no se cierran y hacen señas
y vagan de la lámpara a mis ojos,
fija mirada que se abraza a otra,
ajena, que se asfixia en el abrazo
y al fin se escapa y ve desde la orilla
cómo se hunde y pierde cuerpo el alma
y no encuentra unos ojos a que asirse...
¿Y me invitó a morir esa mirada?
Quizá morimos sólo porque nadie
quiere morirse con nosotros, nadie
quiere mirarnos a los ojos.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Al que se fue por unas horas
y nadie sabe en qué silencio entró.
De sobremesa, cada noche,
la pausa sin color que da al vacío
o la frase sin fin que cuelga a medias
del hilo de la araña del silencio
abren un corredor para el que vuelve:
suenan sus pasos, sube, se detiene...
Y alguien entre nosotros se levanta
y cierra bien la puerta.
Pero él, allá del otro lado, insiste.
Acecha en cada hueco, en los repliegues,
vaga entre los bostezos, las afueras.
Aunque cerremos puertas, él insiste.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
Rostros perdidos en mi frente, rostros
sin ojos, ojos fijos, vaciados,
¿busco en ellos acaso mi secreto,
el dios de sangre que mi sangre mueve,
el dios de yelo, el dios que me devora?
Su silencio es espejo de mi vida,
en mi vida su muerte se prolonga:
soy el error final de sus errores.

Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.
El pensamiento disipado, el acto
disipado, los nombres esparcidos
(lagunas, zonas nulas, hoyos
que escarba terca la memoria),
la dispersión de los encuentros,
el yo, su guiño abstracto, compartido
siempre por otro (el mismo) yo, las iras,
el deseo y sus máscaras, la víbora
enterrada, las lentas erosiones,
la espera, el miedo, el acto
y su reverso: en mí se obstinan,
piden comer el pan, la fruta, el cuerpo,
beber el agua que les fue negada.
Pero no hay agua ya, todo está seco,
no sabe el pan, la fruta amarga,
amor domesticado, masticado,
en jaulas de barrotes invisibles
mono onanista y perra amaestrada,
lo que devoras te devora,
tu víctima también es tu verdugo.
Montón de días muertos, arrugados
periódicos, y noches descorchadas
y amaneceres, corbata, nudo corredizo:
"saluda al sol, araña, no seas rencorosa..."

Es un desierto circular el mundo,
el cielo está cerrado y el infierno vacío.

Octavio Paz Libertad bajo palabra Cátedra 1988

diumenge, 10 de novembre de 2019

FRIDA KALHO






Pell de nopal. Hemisferi del dolor. Arca de pluja. Ràbia indòmita. Salamandra d’ambre. Sitja de cendra i solitud. Cos de trinxera. Bandera de les aigües ocultes. Claustre de llum. Desig de ser cor d’ametlla blanca,galop de color, síl·laba encesa, flor del desert, espill d’arena, arena,arena:

Joan Navarro El plom de l’ham Edicions 62 2014


divendres, 8 de novembre de 2019

Saberse abandonada





Si paso por delante de un espejo, me vuelvo,
no quiero verla a ella,
y ella no quiere que la vean. A veces
no veo exactamente cómo seguir con esto.
Con frecuencia, cuando me siento así,
a los pocos minutos estoy llorando, recordando
su cuerpo, o una parte de él,
a menudo la trasera, una parte suya
en la que pensar ahora mismo, atractiva, sin demasiado
detalle, y su espalda vuelta hacia mí,
Después de las lágrimas, el pecho duele menos,
como si, en nuestro interior, alguna diosa de lo humano
nos hubiese acariciado con un derrame de ternura.
Supongo que es así como la gente sigue adelante, sin
saber cómo. Estoy tan avergonzada
ante mis amigos -saberse abandonada
por quien, supuestamente, mejor me conocía,
cada hora es un lugar para la vergüenza, y yo estoy
nadando, nadando, manteniendo mi cabeza alta,
sonriendo, bromeando, avergonzada, avergonzada,
es como estar desnuda entre gente vestida, o ser
una niña y tener que comportarte
mientras odias las condiciones de tu vida. Ahora en mí
hay un ser que es puro odio, como un ángel
de odio. En la pista de bádminton, ella tuvo
su oportunidad, pura como una flecha,
mientras a través de los ojales de mi blusa los mosquitos
mordían carne que ahora nadie parece
tener ganas de tocar. En el espejo, el torso
se ve como una mártir de póster con urticaria,
o una jarra de nata manchada con ortigas o patas de gatito,
lleno de la leche de la ternura humana
y de crueldad, y nadie hace cola para beber.
Pero mirad! Estoy empezando a dejarlo de lado!
Creo que no va a volver. Al creerlo,
algo ha muerto de una vieja bruja en una de dos camas idénticas
mientras una criatura nace en la otra. Ten fe,
viejo corazón. De todos modos, qué es vivir
sino morir.


Sharon Olds –El salto del ciervo- Igitur/Poesía 2018