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Em diuen Carles Alòs i sóc un apàtrida. Aquest blog serà un viatge pels indrets més amagats de l'ànima, per les emocions més intenses i pel viure quotidià de cada dia. Agafen cadira i seguen, de la resta, jo m'encarregue,

dimecres, 22 de desembre del 2010

Como han de ser tus ojos.



Mujer… no tendré un beso de niño para ti
ni de viejo, ni de sátiro…
Cuando vengas no besaré tus mejillas
ni tu frente, ni tus labios.
Pondré mi boca en los pliegues
recogidos de tus párpados
y beberé el agua clara
que suba a tus ojos claros.
Trae unos ojos azules, mujer,
trae unos ojos azules, de un azul tranquilo y claro
que tengo sed…
sed de peregrino cansado
de muchas jornadas duras
por caminos solitarios
y quiero
llevar mis labios
al agua clara y tranquila
de un remanso que refleje
un cielo tranquilo y claro.

León Felipe.

diumenge, 19 de desembre del 2010

Hagamos un trato.



Compañera
usted sabe
puede contar
conmigo
no hasta dos
o hasta diez
sino contar
conmigo

si alguna vez
advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo

si otras veces
me encuentra
huraño sin motivo
no piense qué flojera
igual puede contar
conmigo

pero hagamos un trato
yo quisiera contar
con usted

             es tan lindo
saber que usted existe
uno se siente vivo
y cuando digo esto
quiero decir contar
aunque sea hasta dos
aunque sea hasta cinco
no ya para que acuda
presurosa en mi auxilio
sino para saber
a ciencia cierta
que usted sabe que puede
contar conmigo.

Mario Benedetti.

dissabte, 18 de desembre del 2010

Si m'és permés...

si m'és permés,
evocaré dies de l'infantesa.

furtava el fruits dels arbres.
me'ls menjava dins del dacsar,
frescs com un celler aleshores.
i sentia llunyana, pels carrers del meu poble,
la veu del meu pare que venia peix i cridava les veïnes.

era molt grat romandre allí

m'envaïa una tristesa i una peresa.

Vicent Andrés Estellés. Horacianes. (1977).

divendres, 17 de desembre del 2010

Ahora os referiré lo que contaban en Texas...



Ahora os referiré lo que contaban en Texas 
cuando yo era muchacho.

(No es la caída de Alamo, porque nadie se salvó
para contarla.
Los ciento cincuenta hombres aquellos yacen
mudos en Alamo.)

Os referiré el asesinato, a sangre fría, de cuatro-
cientos doce valientes.

Al retirarse, quedaron atrapados en una depre-
sión del terreno.

Se atrincheraron con el bagaje.

Y antes de entregarse le hicieron novecientas
bajas al enemigo, nueve veces mayor.
(Fue el precio adelantado de su rendición).

Cuando quedaron sin coronel y sin pertrechos
izaron la bandera blanca, accedieron a capi-
tular honrosamente………
Llegó un pliego sellado,
entregaron las armas…..
y marcharon a la zaga del ejército triunfal como 
prisioneros de guerra.

Eran la gloria de los Guardias Montañeses,
los primeros en domar potros
y en manejar el rifle……

Los primeros en el festín, en la canción y en el 
amor.

Eran fuertes,
inquietos,
generosos
bellos,
altivos,
enamorados,
de rostro hirsuto y requemado por el sol.

Vestían el traje amplio de los cazadores
y ninguno tenía más de treinta años.

Comenzaba el verano, glorioso,
y un domingo, de madrugada,
los sacaron de la prisión para asesinarlos en 
pelotones.

Ninguno quiso arrodillarse.

Algunos se rebelaron desesperados y enloque-
cidos,
y otros permanecieron inmóviles y mudos.

La primera descarga derribó a los alcanzados
en las sienes y el corazón.

Luego cayeron los demás.

Se retorcían en el lodo…….
y el nuevo pelotón que llegaba los veía agoni-
zar.
Dos o tres medio muertos intentaron huir arras-
trándose.

Los remataron con la bayoneta o aplastándoles
el cráneo con la culata del fusil.

Un muchacho de apenas diecisiete años quiso
ahogar a su asesino y otros dos se le abalan-
zaron para separarlo…….

Los tres quedaron con las ropas desgarradas y
bañados con la sangre del adolescente.

A las once comenzaron a incinerar los cadáveres.

Y ésta es la historia del asesinato, a sangre fría,
de aquellos cuatrocientos doce soldados, gloria
de los Guardias Montañeses, tal como la con-
taban en Texas cuando yo era muchacho.

Walt Whitman. Canto a mi mismo (1885). Versión de la paráfrasis de León Felipe.

dimecres, 15 de desembre del 2010

El mar. La mar.



El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
   ¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
   ¿Por qué me desenterraste
del mar?
   En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
   Padre, ¿por qué me trajiste
acá?.

Rafael Alberi. Marinero en tierra. (1924).

diumenge, 12 de desembre del 2010

Para quién escribo.




I

¿Para quién escribo?, me preguntaba el cronista, el periodista
o simplemente el curioso.
No escribo para el señor de la estirada chaqueta, ni para su bigote
enfadado, ni siquiera para su alzado índice
admonitorio entre las tristes ondas de música.
Tampoco para el carruaje, ni para su ocultada señora
(entre vidrios, como un rayo frío, el brillo de los
impertinentes).
Escribo acaso para los que no me leen. Esa mujer que
corre por la calle como si fuera a abrir las puertas
a la aurora.
O ese viejo que se aduerme en el banco de esa plaza
chiquita, mientras el sol poniente con amor le toma,
le rodea y le deslíe suavemente en sus luces.
Para todos los que no me leen, los que no se cuidan de
mí, pero de mí se cuidan (aunque me ignoren).
Esa niña que al pasar me mira, compañera de mi
ventura, viviendo en el mundo.
Y esa vieja que sentada a su puerta ha visto vida,
paridora de muchas vidas, y manos cansadas.
Escribo para el enamorado; para el que pasó con su
angustia en los ojos; para el que le oyó; para el que
al pasar no miró; para el que finalmente cayó cuando
preguntó y no le oyeron.
Para todos escribo. Para los que no me leen sobre todo
escribo. Uno a uno, y la muchedumbre. Y para los
pechos y para las bocas y para los oídos donde, sin
oírme, está mi palabra.

II

Pero escribo también para el asesino. Para el que con
los ojos cerrados se arrojó sobre un pecho y comió
muerte y se alimentó, y se levantó enloquecido.
Para el que se irguió como torre de indignación, y se
desplomó sobre el mundo.
Y para las mujeres muertas y para los niños muertos,
y para los hombres agonizantes.
Y para el que sigilosamente abrió las llaves del gas y la
ciudad entera pereció, y amaneció un montón de cadáveres.
Y para la muchacha inocente, con su sonrisa, su corazón,
su tierna medalla, y por allí pasó un ejército de
depredadores.
Y para el ejército de depredadores, que en una galopada final fue a hundirse en las aguas.
Y para esas aguas, para el mar infinito.
Oh, no para el infinito. Para el finito mar, con su limitación
casi humana, como un pecho vivido.
(Un niño ahora entra, un niño se baña, y el mar, el
corazón del mar, está en ese pulso.)
Y para la mirada final, para la limitadísima Mirada Final,
en cuyo seno alguien duerme.
Todos duermen. El asesino y el injusticiado, el regulador
y el naciente, el finado y el húmedo, el seco
de voluntad y el híspido como torre.
Para el amenazador y el amenazado, para el bueno y el
triste, para la voz sin materia
y para toda la materia del mundo.
Para tí, hombre sin deificación que, sin quererlas mirar,
estás leyendo estas letras.
Para tí y todo lo que en ti vive,
yo estoy escribiendo.

Vicente Aleixandre. En un vasto dominio. (1958- 1962).

dissabte, 11 de desembre del 2010

Bolero para Jaime Gil de Biedma.



A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
hablas a cada rato
de gente ya olvidada,
de calles lejanísimas
con farolas a gas,
de amaneceres húmedos
de huelgas de tranvías.
A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas,
cantas horriblemente,
no dejas de beber
y al poco estás peleando
por cualquier tontería,
yo que tú ya arrancaba
a que me viera el médico
pues si no un día de éstos
en un lugar absurdo
en un parque, en un bar
o entre las frías sábanas
de una cama que odies
te pondrás a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca...
...porque sin darte cuenta
te irás sintiendo solo
igual que un perro viejo
sin dueño y sin cadena,
te pondrás a pensar,
a pensar, a pensar
y eso no es bueno nunca.
A ti te ocurre algo,
yo entiendo de estas cosas.

José Agustín Goytisolo.