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Em diuen Carles Alòs i sóc un apàtrida. Aquest blog serà un viatge pels indrets més amagats de l'ànima, per les emocions més intenses i pel viure quotidià de cada dia. Agafen cadira i seguen, de la resta, jo m'encarregue,

dimarts, 15 de novembre del 2016

Mujer con alcuza






A Leopoldo Panero

¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?
Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.
Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible.
Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,
de humana dimensión, de tierra removida,
de tierra
que ya no cabe en el hoyo de donde se sacó,
entre abismales pozos sombríos,
y turbias simas súbitas,
llenas de barro y agua fangosa y sudarios harapientos del color de la desesperanza.
Oh sí, la conozco.
Esta mujer yo la conozco: ha venido en un tren,
en un tren muy largo;
ha viajado durante muchos días
y durante muchas noches:
unas veces nevaba y hacía mucho frío,
otras veces lucía el sol y sacudía el viento
arbustos juveniles
en los campos en donde incesantemente estallan extrañas flores encendidas.
Y ella ha viajado y ha viajado,
mareada por el ruido de la conversación,
por el traqueteo de las ruedas
y por el humo, por el olor a nicotina rancia.
¡Oh!:
noches y días,
días y noches,
noches y días,
días y noches,
y muchos, muchos días,
y muchas, muchas noches.
Pero el horrible tren ha ido parando
en tantas estaciones diferentes,
que ella no sabe con exactitud ni cómo se llamaban,
ni los sitios,
ni las épocas.
Ella
recuerda sólo
que en todas hacía frío,
que en todas estaba oscuro,
y que al partir, al arrancar el tren
ha comprendido siempre
cuán bestial es el topetazo de la injusticia absoluta,
ha sentido siempre
una tristeza que era como un ciempiés monstruoso que le colgarade la mejilla,
como si con el arrancar del tren le arrancaran el alma,
como si con el arrancar del tren le arrancaran innumerables margaritas, blancas cual su alegría infantil en la fiesta del pueblo,
como si le arrancaran los días azules, el gozo de amar a Dios y esa voluntad de minutos en sucesión que llamamos vivir.
Pero las lúgubres estaciones se alejaban,
y ella se asomaba frenética a las ventanillas,
gritando y retorciéndose,
solo
para ver alejarse en la infinita llanura
eso, una solitaria estación,
un lugar
señalado en las tres dimensiones del gran espacio cósmico
por una cruz
bajo las estrellas.
Y por fin se ha dormido,
sí, ha dormitado en la sombra,
arrullada por un fondo de lejanas conversaciones,
por gritos ahogados y empañadas risas,
como de gentes que hablaran a través de mantas bien espesas,
sólo rasgadas de improviso
por lloros de niños que se despiertan mojados a la media noche,
o por cortantes chillidos de mozas a las que en los túneles les pellizcan las nalgas,
...aún mareada por el humo del tabaco.
Y ha viajado noches y días,
sí, muchos días,
y muchas noches.
Siempre parando en estaciones diferentes,
siempre con una ansia turbia, de bajar ella también, de quedarse ella también,
ay,
para siempre partir de nuevo con el alma desgarrada,
para siempre dormitar de nuevo en trayectos inacabables.
...No ha sabido cómo.
Su sueño era cada vez más profundo,
iban cesando,
casi habían cesado por fin los ruidos a su alrededor:
sólo alguna vez una risa como un puñal que brilla un instante en las sombras,
algún cuchillo como un limón agrio que pone amarilla un momento la noche.
Y luego nada.
Solo la velocidad,
solo el traqueteo de maderas y hierro
del tren,
solo el ruido del tren.
Y esta mujer se ha despertado en la noche,
y estaba sola,
y ha mirado a su alrededor,
y estaba sola,
y ha comenzado a correr por los pasillos del tren,
de un vagón a otro,
y estaba sola,
y ha buscado al revisor, a los mozos del tren,
a algún empleado,
a algún mendigo que viajara oculto bajo un asiento,
y estaba sola,
y ha gritado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado en la oscuridad,
y estaba sola,
y ha preguntado
quién conducía,
quién movía aquel horrible tren.
Y no le ha contestado nadie,
porque estaba sola,
porque estaba sola.
Y ha seguido días y días,
loca, frenética,
en el enorme tren vacío,
donde no va nadie,
que no conduce nadie.
...Y esa es la terrible,
la estúpida fuerza sin pupilas,
que aún hace que esa mujer
avance y avance por la acera,
desgastando la suela de sus viejos zapatones,
desgastando las losas,
entre zanjas abiertas a un lado y otro,
entre caballones de tierra,
de dos metros de longitud,
con ese tamaño preciso
de nuestra ternura de cuerpos humanos.
Ah, por eso esa mujer avanza (en la mano, como el atributo de una semidiosa, su alcuza),
abriendo con amor el aire, abriéndolo con delicadeza exquisita,
como si caminara surcando un trigal en granazón,
sí, como si fuera surcando un mar de cruces, o un bosque de cruces, o una nebulosa de cruces,
de cercanas cruces,
de cruces lejanas.
Ella,
en este crepúsculo que cada vez se ensombrece más,
se inclina,
va curvada como un signo de interrogación,
con la espina dorsal arqueada
sobre el suelo.
 ¿Es que se asoma por el marco de su propio cuerpo de madera,
como si se asomara por la ventanilla
de un tren,
al ver alejarse la estación anónima
en que se debía haber quedado?
 ¿Es que le pesan, es que le cuelgan del cerebro
sus recuerdos de tierra en putrefacción,
y se le tensan tirantes cables invisibles
desde sus tumbas diseminadas?
 ¿O es que como esos almendros
que en el verano estuvieron cargados de demasiada fruta,
conserva aún en el invierno el tierno vicio,
guarda aún el dulce álabe
de la cargazón y de la compañía,
en sus tristes ramas desnudas, donde ya ni se posan los pájaros?

Dámaso Alonso Hijos de la ira Espasa Calpe (1946)

diumenge, 13 de novembre del 2016

La forma de querer tú...




La forma de querer tú
es dejarme que te quiera.
El sí con que te me rindes
es el silencio. Tus besos
son ofrecerme los labios
para que los bese yo.
Jamás palabras, abrazos,
me dirán que tú existías,
que me quisiste: jamás.
Me lo dicen hojas blancas,
mapas, augurios, teléfonos;
tú, no.
Y estoy abrazado a ti
sin preguntarte, de miedo
a que no sea verdad
que tú vives y me quieres.
Y estoy abrazado a ti
sin mirar y sin tocarte.
No vaya a ser que descubra
con preguntas, con caricias,
esa soledad inmensa
de quererte sólo yo.

Pedro Salinas La voz a ti debida (1933) dins de La voz a ti debida. Razón de Amor. Largo Lamento Cátedra (1995)

dijous, 10 de novembre del 2016

ODA A CÉSAR VALLEJO






A la piedra en tu rostro,
Vallejo,
a las arrugas
de las áridas sierras
yo recuerdo en mi canto,
tu frente
gigantesca
sobre tu cuerpo frágil,
el crepúsculo negro
en tus ojos
recién desencerrados,
días aquéllos,
bruscos,
desiguales,
cada hora tenía
ácidos diferentes
o ternuras
remotas,
las llaves
de la vida
temblaban
en la luz polvorienta
de la calle,
tú volvías
de un viaje
lento, bajo la tierra,
y en la altura
de las cicatrizadas cordilleras
yo golpeaba la puertas,
que se abrieran
los muros,
que se desenrollaran
los caminos,
recién llegado de Valparaíso
me embarcaba en Marsella,
la tierra
se cortaba
como un limón fragante
en frescos hemisferios amarillos,
te quedabas

allí, sujeto
a nada,
con tu vida
y tu muerte,
con tu arena
cayendo,
midiéndote
y vaciándote,
en el aire,
en el humo,
en las callejas rotas
del invierno.

Era en París, vivías
en los descalabrados
hoteles de los pobres.
España
se desangraba.
Acudíamos.
Y luego
te quedaste
otra vez en el humo
y así cuando
ya no fuiste, de pronto,
no fue la tierra
de las cicatrices,
no fue
la piedra andina
la que tuvo tus huesos,
sino el humo,
la escarcha
de París en invierno.

Dos veces desterrado,
hermano mío,
de la tierra y el aire,
de la vida y la muerte,
desterrado
del Perú, de tus ríos,
ausente
de tu arcilla.
No me faltaste en vida,
sino en muerte.
Te busco
gota a gota,
polvo a polvo,
en tu tierra,
amarillo
es tu rostro,
escarpado
es tu rostro,
estás lleno
de viejas pedrerías,
de vasijas
quebradas,
subo
las antiguas
escalinatas,
tal vez
estés perdido,
enredado
entre los hilos de oro,
cubierto
de turquesas,
silencioso,
o tal vez
en tu pueblo,
en tu raza,
grano
de maíz extendido,
semilla
de bandera.
Tal vez, tal vez ahora
transmigres
y regreses,
vienes
al fin
de viaje,
de manera
que un día
te verás en el centro
de tu patria,
insurrecto,
viviente,
cristal de tu cristal, fuego en tu fuego,
rayo de piedra púrpura.


Pablo Neruda Odas elementales Cátedra (1982)


diumenge, 6 de novembre del 2016

Recordando a Henry Miller





  
Aunque no sepas por qué estás aquí y encuentres mareante
el olor de las flores
debes reconocer que es una hermosa fiesta todo
/ muy preparado
excelente servicio
un aire teatral cubre el jardín sobre el que flota esa luna
de junio un poco absurda
mientras los camareros parece que den quiebros y se
/ muevan
como siguiendo el ritmo estereofónico.
The Rolling Stones tu amigo se largó puedes jurarlo
detrás de aquella chica pelirroja
una Libra sin duda ojos voluntariosos inquietantes
y la sonrisa abiertamente cínica
pero su compañera dónde se habrá metido
la Piscis que rehuye tus miradas
linda como potranca sin montura a la que acaban
de peinar la crin.
Un Acuario del grupo más cercano cortésmente te ofrece
un cigarrillo de un paquete horrible
y sin rodeos te pregunta sobre El Aleph de Borges
como si se tratara de un coche deportivo
gracias no fumas rubio por supuesto es espléndido
debiera usted leerlo siete veces
te vas te acercas al salón y mientras con dulzura
alguien te sirve un whisky y ni lo miras
oyes como un Escorpio comenta con dos Cáncer
la situación en el Oriente Medio
y un poco más allá atiendes a un Acuario que perora
sobre la polución en las ciudades:
dulce obtuso país que un día se ha de hundir como astillada
/ barca
vieja de un Parque de Atracciones
y bien que te alegrarías sí con ella se fueran al fondo esos
/ patanes
y vendedores de quincallería.
Mejor date una vuelta y observa en la glorieta
a una Virgo entrecana que apabulla
a un desgraciado Leo ejecutivo que acaba de apearse
del avión que le trajo de Madrid
peligro junto al lago un Capricornio inconcebible quiere
explicarte su larga y triste historia
vuelve al salón precisas otro trago ahí va la Piscis
que se te esfuma bajo la escalera
esa puerta quizás pero no; es un lavabo donde encuentras
a dos Géminis tocándose el vitelo
gran dios esto es inicuo te quieren presentar al anfitrión
un Libra castellano bebe bebe
no te pongas nervioso podrías tropezar con cualquier cosa
y derramar tu vaso en el escote
de aquella espeluznante Sagitario chillona
de rostro sibilino y grandes tetas
mucho gusto señor espléndida su fiesta debo írme
pues has visto a tu Piscis despedirse
y huyes tras ella no miras hacia atrás porque recuerdas
a la mujer de Lot esto es tremendo
pierdes whisky on the rocks y amigo y corres gritas
mi chica mi coneja espérame.


José Agustín Goytisolo Del tiempo y del olvido dins de Poesia, Cátedra (1999)

diumenge, 16 d’octubre del 2016

Amor





Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

Antonio Gamoneda Edad Cátedra (1987)

diumenge, 25 de setembre del 2016

Fragment de "Les confidències del comte de Buffon" de Martí Domínguez






Aquell any de 1751, La Condamine acabava de publicar els resultats de la seua expedició a l’Amèrica meridional. Havia estat enviat pel rei a l’Equador perquè determinara la longitud del meridià, però després de realizar aquesta missió, amb tota l’exactitud d’un dels més grans científics del segle, s’havia deixat conduir per un dels seus somnis més secrets: descobrir el país de les amazones. Si cada poble desenvolupa la seua estratègia vital, que sempre és la més apta per al seu èxit natural, era possible un poble format exclusivament per dones?, es preguntava el meu amic. Un poble on els homes foren morts , i on regnara la pau i la solidaritat?Ah. quin argument més irresistible per a un filòsof! Perquè, a l’igual que molts altres mites, estenia per cert que les amazones existien. Les amazones asiàtiques, segons la llegenda, constituïen un poble de dones guerreres, establert a les tibes de la mar Negra, que sols toleraven la presencia de mascles per a la procreació, raó per la qual els escites les anomenaven eòrpates, <<matadores d’homes>>. Les amazones cremaven a les filles petites el pit de la dreta perquè, en arribar a l’edat adulta, pogueren disparar l’arc amb més facilitat, d’on segons els erudits deriva el seu nom (mazos en grec és “pit”, per la qual cosa amazona vol dir “sense pit”). Fou l’espanyol Francisco de Orellana, en el segle XVI, qui va reiniciar el mite a Sud-amèrica: la troballa d’unes dones armades que baixaven pel riu, i de les quals el cacic indi que els guiava els va advertir que desconfiaren, fou el que va induir al descobridor espanyol a batejar aquell riu amb el nom d’Amazones.

Martí Domínguez Les confidències del comte de Buffon. 3 i 4 (1997)